La historia del hombre muerto en extrañas circunstancias tras denunciar que la CIA había financiado a la Contra nicaraguense a través del tráfico de crack a EE.UU.

La sevillana, que acaba de trabajar a las órdenes del argentino Eugenio Zanetti, ganador del Oscar como director artístico, en su debut como guionista-realizador, «Amapola», filmada en Buenos Aires, y la pasada primavera también participó en la cinta de Paul W.S. Anderson, «Pompeii» («Pompeya»), en Canadá, tras ser la soprano María Callas en «Grace of Monaco», hará el papel de la novia de un «dealer» que busca la ayuda del periodista Webb (Renner) para que su pareja eluda la prisión.
Peter Landesman ha vuelto a colaborar como guionista con el descendiente de hispanos Michael Cuesta, quien está últimamente familiarizado con la CIA a través de la dirección de varios capítulos de la exitosa serie «Homeland». Antes, ambos hicieron «El precio de la inocencia». Sin embargo, el cineasta neoyorquino es sobre todo conocido por su trabajo en televisión, con series como «Familia de policías», «True blood», «Dexter» o «A dos metros bajo tierra».
Sin duda la de Gary Webb es una historia tan real como apasionante, más en estos tiempos en los que se cuestiona los métodos de la CIA también en la gran pantalla. Los hechos se remontan a los años 90, cuando el reportero publicó en San José Mercury News una serie de artículos con testimonios de narcos encarcelados en Estados Unidos y agentes de la DEA que relacionaban a la CIA con el tráfico de crack en Estados Unidos.
La década anterior, bajo el gobierno de Ronald Reagan, y ante la legislación que le impedía apoyar economicamente a los «contras» que combatían al gobierno sandinista de Nicaragua, la CIA optó por financiarlos a través del tráfico de crack (droga que según algunas fuentes la propia agencia llegó a inventar, a partir de la cocaína), la cual puso en el mercado californiano.
Aunque los artículos y un libro recopilatorio posterior le dieron el Pulitzer a Webb, bajo el peso de las presiones de la Administración, su diario dejó de publicarle y se quedó sin trabajo. Unos años después, en 2004, apareció en su casa con dos tiros (ambos mortales de necesidad) en la cabeza. Oficialmente se dictaminó suicidio. Con el paso del tiempo, una investigación interna a cargo del Inspector General Frederick Hitz en la Agencia Central de Inteligencia reconoció que las informaciones de Gary Webb no sólo eran correctas, sino que se quedaron cortas.