CARL THEODOR DREYER

    1

    Carl Theodor Dreyer es una figura fundamental del cine europeo y uno de los grandes directores de todos los tiempos. Nació en Copenhague el 3 de febrero de 1889 como hijo ilegítimo, algo inconcebible en a cerrada sociedad luterana europea de la época. Sus padres fueron Josephine Nilsson y Jens Christian Torp. Su madre servía en la granja de Jens Christian Torp, en Suecia, y él la repudió al saber que estaba embarazada debido a la diferencia de clase social y económica que existe entre ambos. Su madre le dejó como bebé en Dinamarca, mientras ella vuelve a Suecia. Él niño terminó en un orfanato y fue acogido por la familia Dreyer en 1891 (Su madre biológica murió a los pocos meses de ser adoptado). Recibe el nombre de su padre adoptivo, Carl Theodor Dreyer. Sus padres adoptivos eran rígidos luteranos y sus enseñanzas probablemente influyeron mucho en la severidad de sus filmes.
    Empleado de oficina primero, periodista después, y crítico de teatro, fue contratado en 1912 por la sociedad Nordisk Film para que escribiese los rótulos de las películas mudas. Escribió después varios argumentos para otras tantas películas y pronto ascendió de ategoría y comenzó a trabajar como montador.

    Su primera película como director, «El presidente», la realiza en 1920. Ese mismo año hace «Las hojas del libro de Satán» y «La cuarta alianza de Margarita», ésta última en Suecia. En 1922 firma «Amaos los unos a los otros» e Alemania y «Érase una vez» en su país natal. Vuelve a Alemania en 1924 para dirigir «Michael». Dirige en 1925 «El dueño de la casa» y, en Noruega, en 1926, «La novia de Glomsdal».
    El éxito que cosechó en su país se transformó en un enorme triunfo en Francia, donde se trasladó. La Société Genérale des Films le encargó la realización de un largometraje sobre la heroína nacional Juana de Arco; «La pasión de Juana de Arco». La película es su primer gran clásico, pero no fue un éxito en taquilla. Con la ayuda de Michel Champion escribió el guión, que se basó en estudios directos sobre las transcripciones originales del proceso. La película tiene influencias tanto del realismo como del expresionismo cinematográfico, pero sin maquillar a los personajes. Los decorados eran blancos y toda la película está rodada a base de primeros planos y con los años se convierte en una de las cumbres del cine mudo europeo.

    Su siguiente película es otro clásico, en este caso del cine fantástico, «Vampyr» («Der Traum des Allan Grey»), sobre una «bruja vampiro», de 1932, basada en Sheridan La Fanu. Es una meditación surrealista sobre el miedo, hoy considerada maestra. La película era originariamente muda, pero le fueron añadidos diálogos hablados mediante doblaje. La lógica cede el paso a las emociones y a la atmósfera en esta historia, en la que un hombre protege a dos hermanas de un vampiro. El filme contiene muchas imágenes inolvidables, como aquélla del héroe que sueña con su propio enterramiento, y aquélla otra del animal sediento de sangre sobre el rostro de una de las hermanas, mientras ésta se encuentra secuestrada bajo el encantamiento del vampiro.
    Sin embargo, «Vampyr» fue un fracaso económico, y Dreyer estuvo más de un decenio sin rodar. En 1943 hace al fin «Dies Irae», una película con una severa crítica a las creencias en la brujería y sobre todo a su represión brutal mediante el fuego. Con esta película Dreyer fijó el estilo que habría de distinguir sus posteriores obras sonoras con composiciones de cámara muy cuidadas, una cruda fotografía en blanco y negro y tomas muy largas.

    En 1945, recién terminada la Segunda Guerra Mundial Dreyer vuelve a Suecia para dirigir «Dos seres». Le siguen «El agua en el campo» («Vandet på landet», 1946), «Kampen mod kræften» (1947), «Landsbykirken» (1947), «De nåede færgen» (1948), «Thorvaldsen» (1949), «El puente de Storstrom» («Storstrømsbroen», 1950) y «Un castillo en un castillo» («Et Slot i et Slot», 1954)
    En 1955 rueda «Ordet» («La palabra»), otra obra maestra, basada en la obra de teatro homónima de Kaj Munk. En ella combina una historia de amor al estilo de «Romeo y Julieta» con un examen del destino. El personaje central, un teólogo enloquecido por sus lecturas de Soren Kierkegaard, pone en entredicho la presunta fe religiosa de su familia ante la muerte. Esta película le valió el León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia en 1955. En ella destaca el ritmo pausado, la práctica ausencia de montaje por corte entre escenas, en las que Dreyer deja que los actores entren y salgan de encuadre al estilo del montaje teatral. Es una película cargada de preocupaciones religiosas.
    La última película de Carl Theodor Dreyer fue «Gertrud» (1965). Si bien es muy distinta a las precedentes resulta una especie de testamento artístico del autor, en la medida en que trata de una mujer que se mantiene fiel a su ideal de amor: amar al otro por encima de todo; incluso, de uno mismo. No se arrepiente nunca de las elecciones tomadas.

    Si bien su carrera duró 50 años, desde los años 1910 hasta los años 1960, su vanidad, sus métodos rígidos, la idiosincrasia de su estilo y la obstinada devoción por su propio arte hicieron que su producción resultase menos prolífica de lo que hubiese podido esperarse.
    La obra de dreyer, marcada por el misticismo, tiene también la influencia de sugencias fantásticas, propia del espíritu místico y fantástico de los pueblos nordicos, cuya alma está reflejada en toda la producción del gran director danés. La obra de Dreyer es de una gran importancia artística y de una importancia extraordinaria en las mejores páginas de la historia del cine de los primeros 30 años del siglo XX. Su influencia derivó en una serie de directores y de películas de la escuela nórdica.
    Su honestidad consigo mismo y su trabajo; así como su fidelidad a su vocación y gran pasión, el cine como expresión artística, hizo que sólo hiciera las películas que pensaba debía hacer y como debía hacerlas. Su perfeccionismo le hizo suspender un rodaje porque las nubes no iban en la dirección esperada o elaborar costosos decorados sólo para que los actores se sintieran más inspirados.
    En «Apuntes sobre el estilo» Dreyer escribió que su cine buscaba las experiencias íntimas del hombre, y que trata de adentrarse en el misterio y en los conflictos interiores de los humanos. Carl Theodor Dreyer falleció en Copenhague, su ciudad natal, el 20 de marzo de 1968.