JEAN HARLOW

    3

    Jean Harlow (Harlean Carpenter), nació en Kansas City, Missouri el 3 de marzo de 1911. Fue una de las sex-symbol de la década de los 30 onocida como «La rubia platino» por su famoso pelo, su enorme popularidad e imagen de vampiresa contrastaron con su vida privada, llena de desilusiones, que acabó con una muerte prematura a los 26 años debido a un fallo renal.
    Hija de Mont Clair Carpenter, un dentista, y su mujer Jean Poe Harlow. Su madre era extremadamente protectora con Harlean, lo que creó una relación muy fuerte entre ellas para el resto de sus vidas. Solía llamarla Baby en vez de Harlean; de hecho, sólo cuando ingresó en la escuela para niñas Miss Barstow, en Kansas, la niña se enteró de que su verdadero nombre era Harlean y no Baby. Poco después, sus padres se divorciaron. Jean consigue la custodia de Harlean y ésta sólo volvió a ver a su padre una vez en la vida.

    En 1923, madre e hija se trasladan a Hollywood con la esperanza de que Harlean se convirtiera en una gran estrella, pero tras estudiar brevemente en una escuela dramática para chicas sin lograr mucho éxito, volvieron a Kansas pasados dos años. En 1925, el abuelo de Harlean la mandó a un campamento de verano en Míchigan, donde ésta cayó enferma con fiebre escarlatina. Después Harlean estudiaría en Ferry High School en Forest, Illinois, y a sus dieciséis años conoció al que sería su primer marido, Charles McGrew, de 20 años y heredero de una gran fortuna. La pareja se mudó a Los Ángeles, donde por fin unos ejecutivos de la Fox se interesaron por Harlean, a la que contrataron bajo el nombre de Jean Harlow.
    Empezó trabajando como extra e interpretando pequeños personajes antes de su primer papel en solitario, en la película «Los ángeles del infierno», dirigida por Howard Hughes, con la que encandiló al público aunque no a la crítica, que incluso llegó a juzgar su actuación como terrible. Su personaje, una versión deshinibida y campechana de las vampiresas del cine mudo, la consagró definitivamente. Luego llegarían películas como «El enemigo público» (1931), junto a James Cagney, «Goldie» (1931), y «La jaula de oro» (1931), con Loretta Young. Así, mientras Harlow seguía siendo admirada por el público, la prensa seguía criticándola, diciendo que arruinaba cada escena en la que salía.

    Cuando un agente de prensa de Hollywood la calificó de «rubia platino» para describir su pelo, entre dorado y blanco, Jean harlow no solo encabezó una moda que hizo furor en los años 30, sino que encarriló definitivamente su carrera de sex symbol, covenientemente dulcificada poco despues por la Metro Goldyn Mayer cuando se imposo en el cine el Código hays de censura. En pleno apogeo de su éxito, muchas de sus fans femeninas se tiñeron el pelo de rubio platino como ella, e incluso Howard Hughes organizó un concurso en el cual el peluquero que más se acercara al tono de rubio de la actriz, recibiría un premio de 10.000 dólares.
    Con 21 años, Harlow firma un contrato con Metro Goldwyn Mayer, después de que ésta pagara a Hughes 30.000 dólares. Fue entonces cuando Harlow se convirtió en una superestrella, con películas como «Red-Headed Woman» (1932) o «Tierra de pasión» (1932). Fue precisamente durante el rodaje de «Tierra de pasión» cuando su segundo marido, Paul Bern, fue hallado muerto en la casa de ambos, con los subsiguientes rumores de que la propia Jean Harlow lo había asesinado. Los ejecutivos de MGM no tardaron en dar la muerte por resuelta, asegurando que la muerte de Bern se había debido a suicidio, alegando como motivo que éste padecía impotencia. Esto no dañó en modo alguno la carrera de Harlow, que acabó incluso más popular que antes, mientras el término «rubia platino» empezaba a asociarse con sus personajes, en posesión de un telento especial para seducir a los millonarios o hacer enloquecer a los gángsters.

    Tras otras explicaciones y teorías sobre la muerte de su marido, Harlow mantuvo un romance bastante indiscreto con el boxeador Max Baer, cuya mujer amenazó con divorciarse nombrándola a ella como causa principal. La Metro Goldwyn Mayer no tardó en casar entonces a Harlow con el cineasta Harold Rosson. Ambos se divorciaron sin más escándalos siete meses después. A mitad de la década de 1930, Harlow era una de las mayores estrellas del cine estadounidense y la principal actriz de la Metro. «La indómita» y «Mares de China», película que popularizó «la bota malaya» como método de tortura, fueron sus siguientes grandes éxitos.
    El tipo por el que la estrella ha pasado a la historia del cine, la mujer de mundo francamente desvergonzada y cómicamente imprudente, surgiría de su encuentro con Clark Gable en «La pelirroja», película que inició su etapa de grandes comedias, atrevidamente apasionadas, junto a Gable y otras estras de la MGM como Spencer tracy, William Powell (su último gran amor tras nuevos fracasos sentimentales) y Robert Taylor. Su última película fue «Saratoga» (1937), junto a Clark Gable.

    Durante el rodaje de «Saratoga», Harlow comenzó a llegar tarde a los estudios debido a problemas de salud, hasta que el 29 de mayo de 1937 se desmayó en el plató y fue trasladada al hospital y diagnosticada de uremia. Jean Harlow murió en el hospital el día 7 de junio de 1937, 9 días después de ser ingresada, a la edad de 26 años. Tras su muerte las vampiresas y/o las rubias cinematográficas fueron ya otra cosa.
    Jean Harlow era la actriz favorita de otra rubia platino, Marilyn Monroe, que la admiraba y durante toda su vida intentó parecerse a ella. La cantante Gwen Stefani encarnó a Jean Harlow en un breve papel en la película de Martin Scorsese, «El aviador». Famosa por ignorar completamente la moral de su época, a la actriz se le atribuyen frases como: «Me gusta levantarme cada mañana con un hombre distinto» o «La ropa interior me resulta incómoda y además mis partes tienen que respirar» Según cuenta una leyenda, el famoso perro Rin Tin Tin , murió en sus brazos en 1932.
    Jean Harlow está enterrada en el cementerio Forest Lawn Memorial Park, en Glendale, California. Su epitafio dice simplemente «Our Baby» («Nuestra bebé»), tal y como su madre solía llamarla.