KATHARINE HEPBURN

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    Una de las más grandes e inolvidables actrices de todos los tiempos, Katharine Hepburn nació en Hartford, Connecticut, el 12 de mayo de 1907. Nacida en una familia burguesa adinerada e hija de una sufragista, Katharine Hepburn debuta a los tres años en espectáculos feministas organizados por su madre. Secreta, voluntariosa, brusca, Katharine decide ser actriz. Pero su carácter testarudo e impetuoso no facilita las cosas.

    Entre 1928 y 1931, va de fracaso en fracaso. Pese a ello la productora RKO se arriesga al confiarle el papel principal de «Doble sacrificio”, en 1932, frente a John Barrymore. Con el orgullo y el coraje que la iban a caracterizar siempre, sacó adelante con mucha elegancia y brillantez al personaje e hizo de esta película un triunfo personal y una estruendosa revancha hacia sus infortunios en el teatro. Además, esta película le hace conocer a George Cukor, que va a ser su amigo y su director durante toda su vida, imponiendo su figura de jovencita rebelde y generosa.

    La RKO apostará por hacer de ella una estrella y le da inmediatamente el papel de protagonista en «Hacia las alturas”, que estaba previsto para Ann Harding, un papel de aviadora independiente que, embarazada por un lord, se suicida dejando su avión sin control en el aire, desengañada por los prejuicios, un personaje perfecto para Katharine Hepburn.

    NUEVO CANON DE BELLEZA

    En los años treinta la actriz se convierte en la jovencita simbólica, alternando las heroínas enérgicas y modernas con las delicadas interpretaciones románticas con forma de novela rosa. En una época en la que se resalta la feminidad, Katharine impone una androginía irrespetuosa. El público desorientado por la novedad, no la seguirá siempre. Pero el tiempo le dio la razón: Con el tiempo se consagró el modernismo de su estilo y de su actuación, y la novedad total de su nuevo canon de belleza de elfo farsante, todo asperezas y ángulos crea moda y es admirada y copiada en todo el mundo.

    Para Cukor, ella será la inolvidable Jo de «Las cuatro hermanitas”, casi un muchacho pero más mujer que las coquetas de sus hermanas. Para Lowell Sherman, ella representará el atrayente retrato de una joven actriz advenidiza en «Gloria de un día” (1933): una interpretación que debe mucho a su experiencia personal y que le proporciona su primer Oscar.

    1935 es un año crucial, a causa de un fracaso y de un éxito. El éxito es «Sueños de juventud”, que dirigió George Stevens, en la que encarnaba a una joven provinciana modesta, atrapada en la cruel trampa del juego social, con una interpretación minuciosa y exacta uno de los personajes más reveladores de la década. El fracaso, injustificado, fue el de la obra maestra de Cukor, «La gran aventura de Silvia”, magnífico híbrido en el que la comedia americana se entreteje con la Inglaterra de Charles Dickens. En la cima de su arte y de su esplendor, Katharine Hepburn, deliciosamente travestida en muchacho, con el sombrero sobre el ojo y el pelo corto.
    DAMA DEL TEATRO

    Después de esto, su carrera entra en un período de dificultades: el fracaso de la gran producción «María Estuardo”, que fue dirigida por John Ford, en 1936, en la que ella interpretaba el papel de la protagonista del título con brillantez, vino a confirmar el de «La gran aventura de Silvia” . Pero en 1937, encontró un nuevo papel soberbio y otro director cómplice: en «Damas del teatro” de Gregory La Cava, perfeccionaba todavía más su interpretación de actriz ambiciosa, apoyada por un diálogo centelleante y por una realización de una vivacidad poco común.

    El año 1938 le ofrece todavía dos obras maestras de la comedia: la agriduice «Vivir para gozar”, de George Cukor, y la alocada «La fiera de mi niña”, de Howard Hawks, una de las cumbres de la comedia americana en la que tenía como galán masculino a Cary Grant.

    Pero, por desgracia, era una estrella del cine que no hacía ganar mucho dinero a los estudios, y se vio obligada a ir a reconquistar su gloria en el teatro. Vuelve a Hollywood en 1940, con su gran éxito teatral «Historias de Filadelfia” , del que con justicia se reservó los derechos de adaptación. Katharine Hepburn, dirigida de nuevo por George Cukor, que la conocía mejor que nadie, vuelve a interpretar sin el menor esfuerzo su personaje de heredera caprichosa que se deja seducir por su antiguo marido la víspera de su boda con otro hombre, de nuevo con Cary Grant y ahora también con James Stewart. Su triunfo era inevitable y marcaba el comienzo de su reinado como superestrella de la MGM. Brillante, sofisticada, de una voz alta mantenida, pero los ojos vulnerables y llenos de emoción, daba a su feminismo elegante y alegre un estilo propio y mucho encanto.

    SU ENCUENTRO CON SPENCER TRACY

    Fue en este momento cuando surgió la idea de ofrecerle como compañero de reparto a Spencer Tracy, en «La mujer del año”, que dirigió George Stevens en 1942: encuentro privilegiado tanto en la vida real como en la pantalla, que dio lugar a la creación de una de las parejas más bellas de la historia del cine. Desde su primera película, el equilibrio era evidente y esplendoroso: los nervios los ataques repentinos y los excesos de Katharine Hepburn venían a romperse como las olas contra la solidez, la calma olímpica y la serenidad de Spencer Tracy. Se les ve juntos en «La llama sagrada” (George Cukor, 1943), película de ambiente y de misterio, reveladora del antifascismo de toda una fracción de Hollywood; en «Sin amor” (H. S. Bucquet 1945), comedia un poco floja en busca de un director; en «Mar de hierba” (Elia Kazan, 1947) melodrama que salvan con elegancia. Pronto forman pareja delante y detrás de la cámara. Para Katharine Hepburn Spencer Tracy fue el gran amor de su vida, aunque nunca se llegaron a casar, ya que Tracy ya estaba casado, y profesando la religión católica nunca se quiso divorciar.
    Lo más apropiado para la pareja era la comedia, en la que, afortunadamente, hicieron tres grandes creaciones: «El estado de la unión”, dirigida por Frank Capra en1948, sátira incisiva de las artimañas electorales, en la que Katharine Hepburn actuaba en un plano un tanto secundario, y sobre todo «La costilla de Adán” (1949) y «Pat y Mike” (1952), escritas por Garson Kanin y Ruth Gordon y realizadas por George Cukor. Afrontándose de igual a igual, y para reír, jugando esforzadamente el juego de la guerra de los sexos, Tracy y Hepburn alcanzarán el apogeo de su unión cinematográfica. Ni la melancólica «Su otra esposa” (Walter Lang, 1957) ni la lacrimosa «Adivina quién viene esta noche” (Stanley Kramer, 1967) les harán justicia.

    En algunos momentos de esa época, Katharine Hepburn, sola, tuvo ocasión de demostrar su talento. Por ejemplo, en melodramas como «Undercurrent” (Vincente Minnelli, 1946) y sobre todo «Pasión inmortal” (Clarence Brown, 1947), en la que ella era Clara Schumann. Sus grandes papeles de los años cincuenta explotarían su lado un poco brusco y harían de ella, a menudo, una solterona que llega tarde al amor. Falta de imaginación por parte de los cineastas a los que se perdona fácilmente ante un éxito menor como «El farsante” (Joseph Anthony, 1956) o mayor como «La reina de África” (John Huston, 1951), donde ella está sublime de humor y emoción como misionera enamorada de un Humphrey Bogart rudo, socarrón y arrogante, o incluso «Locuras de verano” (David Lean, 1955), una interpretación totalmente excelente en un registro más dramático. Por último, termina la década con una interpretación magistral y apocalíptica: la posesiva y venenosa Madame Venable en «De repente el último verano” (Joseph L. Mankiewicz, 1959).

    CATARATA DE OSCAR

    Posteriormente Katharine Hepburn vivió mucho su experiencia acumulada, después de haber demostrado ampliamente sus cualidades y de haber recibido grandes alegrías del teatro. Su personalidad sigue siendo fascinante, pero papeles artificiales no le hacen apenas justicia. Tras ocho nominaciones el segundo Oscar parece resistírsele. Tiene que esperar hasta 1967 con «Adivina quién viene esta noche”, de Stanley Kramer, al lado de su amado Spencer Tracy pero un año después vuelve a ganarlo, ahora con «El león en invierno” (Anthony Harvey, 1968). En 1977 vuelve a trabajar con George Cukor en «The Corn is Green”, realizada para la televisión: su maliciosa interpretación de aristócrata taimada y fiera, jugando con los sentimientos de un viejo abogado como si fuera una joven coqueta, nos muestra la extensión rica y colorista de su arte.

    Sus últimos trabajos fueron «En el estanque dorado”, dirigido por Mark Rydell en 1981 al lado de otra leyenda del cine, Henry Fonda, logrando su cuarto Oscar, «La última solución de Grace Quigley”, dirigida por Anthony Harvey en 1984 y «Un asunto de amor”, que protagonizó en 1994 a las órdenes de Glenn Gordon Caron. Sin embargo la última vez que se colocó ante una cámara fue para la televisión en «One Christmas”, también en 1994, dirigida por Tony Bill. Katharine Hepburn falleció en su casa de Old Saybrook, Connecticut, por causas naturales, el 29 de junio de 2003.