LAURENCE OLIVIER

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    Talento, suerte y aguante. Estas eran las tres virtudes de un actor para sir Laurence Olivier, el hijo de un pastor anglo-católico a quien millones de personas consideran el mejor intérprete del mundo. Laurence Kerr Olivier hizo todos los personajes de Shakespeare, desde el joven Hamlet al anciano rey Lear; fue el introductor del gran dramaturgo británico en el cine; y entró a formar parte de las leyendas de Hollywood con «Cumbres borrascosas» y «Rebeca».
    Maniático, bisexual, abrumado por su pasado La personalidad del mítico Laurence Olivier fue controvertida. El gran intérprete vio la luz el 22 de mayo de 1907 en Dorking, un pueblecito de Surrey (Gran Bretaña). Su padre le transmitió el amor a los escenarios, por lo que cuando decidió ser actor su progenitor le dio su aprobación y una asignación semanal. En el colegio, con sólo diez años, memorizaba los textos de las obras de Shakespeare e interpretaba a sus personajes más célebres, tanto masculinos como femeninos.
    Con 20 años Olivier ya es una figura prominente del teatro británico. Con 23 se acerca al cine, medio que le llevaría a la gloria. Películas en el cine mudo, su primer papel importante le llegó con «Vidas privadas», del dramaturgo Noel Coward. Cuando representó la obra en Nueva York los críticos se rindieron ante su tempestuosa presencia. Ya en el cine sonoro protagonizó numerosos títulos, pero él se sentía desaprovechado y se centró en la escena. Fue en 1939, a las órdenes de William Wyler dando vida al salvaje protagonista de «Cumbres borrascosas», cuando conquistó al público y tuvo su lanzamiento internacional. Un año después confirmó su triunfo con el rol de viudo atormentado en «Rebeca», de su compatriota Alfred Hichcock.
    ACTOR, DIRECTOR, PRODUCTOR
    Afianzado como actor, inició su gran aventura de dirigir, interpretar y producir su célebre trilogía de personajes shakesperianos: «Enrique V», «Hamlet» y «Ricardo III».También dirigió y protagonizó con Marilyn Monroe «El príncipe y la corista».
    En su amplísima filmografía como actor figuran también títulos como «Más fuerte que el orgullo”, «Lady Hamilton”, «El animador”, «Espartaco», «Otelo», «Las sandalias del pescador», «La huella», «Marathon Man», «Elemental, doctor Freud”, «Jesús de Narareth», «Un puente lejano”, «Los niños de Brasil», «Furia de Titanes” o «El hombre rompecabezas”, entre otros destacados títulos, dedicó toda su vida a la interpretación y, entre película y película, continúo subiéndose a la escena, su hábitat natural.
    Fue nominado al Oscar como mejor actor por «Cumbres borrascosas”, «Rebeca”, «Enrique V” (por la que recibió un Oscar especial como director y productor), «Ricardo III”, «Otelo”, «El animador”, «La huella” y «Los niños del Brasil”. Además fue también nominado como mejor actor secundario por «Marathon Man”, como mejor director por «Hamlet”, consiguiéndolo finalmente como mejor actor por ésta último. Un palmarés impresionante no superado nunca por ningún otro actor.
    PASIÓN BRITÁNICA
    Vivien Leigh conoció a Oliver en un teatro en Londres en 1934. Sentada en el patio de butacas, quedó fascinada con la actuación de aquel joven de 27 años. Los dos estaban casados, pero eso no fue un impedimento para que su relación les convirtiera en una de las parejas más emblemáticas del mundo del espectáculo. Se casaron en 1940 y veinte años después se divorciaron. Pero su matrimonio se había roto antes. Infidelidades de ambos, rivalidades y la depresión nerviosa que sufría la actriz se tradujeron en una convivencia «monstruosa”.
    Este hombre de Shakespeare, que fue nombrado lord en 1970 (veintitrés años antes había sido designado Sir), con lo que se convirtió en el actor más joven en recibir el título de Caballero de la Orden del Imperio Británico, formó con la que fue su segunda esposa, Vivien Leigh, una de las parejas más emblemáticas de los escenarios ingleses y norteamericanos y de los platós de Hollywood. El actor conoció a la actriz en un teatro, medio al que dio todo y del que tomó todo. Sus otras dos esposas fueron Jill Esmond, con la que tuvo un hijo, y Joan Plowright, de quien tuvo tres.
    El actor y director británico estuvo ejerciendo su profesión hasta los 80 años, dos años después murió en su residencia de Steying, West Sussex (Gran Bretaña) mientras dormía, el 11 de julio de 1989. Con su desaparición, no sólo cayó el telón y William Shakespeare se quedó mudo, también se fue un estilo de actuación difícil de repetir.
    Actor teatral por excelencia, Olivier hizo music hall, comedia, melodrama, drama, tragedia, cine y televisión (participó en una de las mejores producciones de todos los tiempos, «Retorno a Brisdhead»), se puso delante y detrás de la cámara, dirigió teatro, y además de sus tres Oscar obtuvo varios Premios Emmy, y numerosos muchos reconocimientos en todo el mundo.
    Años después de su muerte, su viuda contó en la BBC que el intérprete británico siempre estuvo «perseguido por sus demonios” en referencia a las relaciones que mantuvo con algunos hombres, la más sonada con el actor cómico Danny Kaye. «No hay necesidad de defender su memoria. Sus actuaciones, su grandeza de artista está ahí. Un genio como Olivier no lleva una vida normal. Tenía comportamientos extremos que hay que comprender”, declaró.