MARCELLO MASTROIANNI

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    Marcello Mastroianni nació el 28 de septiembre de 1924 en Fontana Liri (Italia). De orígenes modestos, era hijo de un ebanista de ideas antifascistas caído en desgracia con la llegada de Benito Mussolini, por lo que, acompañando a su familia vivió una infancia errante de ciudad en ciudad, en las que su padre buscaba trabajo. Marcello cursó estudios primero en Turín y después en Roma y desde 1938, se inicia en el mundo del cine como figurante en películas como «Marionette” (Carmine Gallone, 1939), «La corona de hierro” (Alessandro Blasetti, 1941), «I bambini ci guardano” (Vittorio de Sica, 1942). Durante la guerra, se gana la vida como dibujante y en un momento es internado en un campo de concentración alemán, al norte de Italia, cuando se niega a ser reclutado, del que logrará evadirse. En aquellos años hace su debut en el teatro con una compañía de aficionados.
    LUCHINO VISCONTI
    En 1948 entra en una compañía profesional y Luchino Visconti le descubre y le contrata para interpretar piezas de William Shakespeare, Tennessee Williams, Alfieri, junto a actores conocidos como Ruggero Ruggeri, Paola Borboni, o debutantes como Vittorio Gassman y Gabriele Ferzetti. Aquel mismo año, regresó al cine: «I miserabili” (Riccardo Freda, 1948) y «Una domenica d’agosto” (Luciano Emmer, 1950). En estas primeras actuaciones como taxista o policía municipal romano empieza a perfilar personajes de buen chico, que después perfeccionaría en una extensa serie de comedias y melodramas populares, entre ellos «Vida de perros” (Steno y Mario Monicelli, 1950), «Tres enamoradas” (Luciano Emmer, 1952), «La bella campesina” (Mario Camerini, 1955), «La suerte de ser mujer” (Alessandro Blasetti, 1955), «El bígamo” (Luciano Emmer, 1955) o «Padres e hijos” (Mario Monicelli, 1957).
    A la vez, entre 1951 y 1956 su carrera teatral, bajo la dirección de Luchino Visconti está llena de éxitos, con piezas de Goldoni, Chéjov, Arthur Miller. Sin embargo, la popularidad la gana gracias a la simplicidad sus personajes cinematográficos con los que el público se identificaba.
    Su estilo distendido, próximo al italiano de la calle, le da una enorme popularidad con películas, además de las ya citadas, como «Febbre di vivere” (Claudio Gora, 1953); «Crónica de los pobres amantes” (Carlo Lizzani, 1954); «Casa Ricordi” (Carmine Gallone, 1954), «Días de amor” (Giuseppe De Santis, 1955), y, especialmente, en «La ladrona, su padre y el taxista” (Blasetti, 1955), donde formó una pareja perfecta con la bella Sophia Loren, que repitió en «La bella campesina” (Mario Camerini, 1955.) y «La suerte de ser mujer” (Alessandro Blasetti, 1955).
    En 1957 Visconti le da uno de sus grandes personajes, el empleado de «Noches blancas”, lo que significó un paso adelante en su carrera. Poco después destaca con un papel muy diferente, y también bastante complejo: el de un pequeño ladrón en «Rufufú”, de Mario Monicelli (1958).
    ALTER EGO DE FEDERICO FELLINI
    Pero el encuentro definitivo de su vida será con el director Federico Fellini que lo contrata para dar vida al periodista de «La dolce vita” (1960), lo que le supone el salto a la celebridad internacional. Pronto se convierte en el alter ego de este director en «Fellini 8 ½” (1963), trabajando a las órdenes de Fellini durante toda su trayectoria, con títulos como «La ciudad de las mujeres” o «Ginger y Fred”.
    A partir de la década de los 60, Mastroianni rueda con los más prestigiosos directores italianos: Marco Ferreri («Break-up», 1965; «La cagna», 1972; «La gran comilona», 1973; «No tocar a la mujer blanca», 1974; «Historia de Piera (Storia di Piera)», 1983); con Ettore Scola («Una jornada particular», 1977; «La terraza», 1980; «Il mondo nuovo», 1982); con los hermanos Taviani («Allonsanfan», 1974), Marco Bellocchio («Enrico IV», 1984); y de nuevo Monicelli («Las dos vidas de Matías Pascal», 1985), o Vittorio de Sica, otro de sus directores fetiches, con quién hace títulos como «Ayer, hoy y mañana” en 1961, «Matromonio a la italiana” en 1964 o «Los girasoles” en 1970.
    Durante los 50 y 60 forma pareja cinematográfica con Sophía Loren, con la que rueda más de una docena de películas: «Marcello era como un hermano. La primera vez que nos vimos fue como si nos conociéramos desde siempre. Nos reíamos, trabajábamos los personajes juntos, cocinábamos….Era un ser único. Cuando participábamos en producciones estadounidenses, mientras nuestros compañeros se iban a las fiestas, nosotros nos marchábamos a casa a cenar con nuestras familias. Éramos actores diferentes, italianos”, ha dicho Sophia Loren.
    CARRERA INTERNACIONAL
    En su larga carrera, no se puede olvidar la colaboración con grandes directores extranjeros con los cuales Mastroianni, genial y melancólico, jovial y sencillo, rodará magníficas películas: «La ley” (Jules Dassin, 1958), «La noche” (Michelangelo Antonioni , 1961), «Vida privada” (Louis Malle, 1961), «Las flores del diablo” (Terence Young, 1966), «¿Qué?”, de Roman Polanski (1972), «Gabriela” (Bruno Barreto, 1983); «Il volo» (1986) de Thodoros Anghelopoulos, «Ojos negros” (1987) de Nikita Michalkov, «Pret-à-porter» (1994) de Robert Altman, y el profético «Viaje al principio del mundo» (1996) de Manoel de Oliveira.
    Casado con Flora Carabella, madre de su hija Bárbara, Mastroianni la abandonó en 1971 para vivir en París con Catherine Deneuve, lo que supuso un gran escándalo en su momento. Fruto de aquella relación nació en 1972 Chiara Mastroianni, pero la relación sólo duro tres años más: El actor dejó a Deneuve y volvió con su primera mujer. La niña se crió con su madre, aunque pasó largas temporadas junto a su padre. «Mi padre ha estado muy presente en mi vida y me llamaba a diario. Era un cielo, muy positivo, sencillo y llano. Le echo de menos” ha dicho en más de una ocasión Chiara Mastroianni, que también es actriz.
    Mastroianni realiza su testamento cinematográfico en «Mi ricordo, sì io mi ricordo» (1997), una larga confesión, rodada por su última compañera, Anna Maria Tatò, que, con sus imágenes intensas y conmovedoras, puede considerarse una preciosa despedida de esa gran figura, familiar y extraordinaria al mismo tiempo, del cine italiano.
    En 1987 recibió el premio de interpretación de Cannes por «Ojos negros”, por la que también fue nominado al Oscar al mejor actor, siéndolo también por «Divorcio a la italiana” y «Una jornada particular”. Marcello Mastroianni falleció en París el 19 de diciembre de 1996 a los 72 años de edad.