ORSON WELLES

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    ESTÁ CONSIDERADO COMO EL MEJOR DIRECTOR DE LA HISTORIA

    Orson Welles nació el 6 de mayo de 1915 en Kenosha, Winsconsin, y murió el 10 de octubre de 1985 en Hollywood, California. Su padre fue un estupendo inventor y su madre una guapísima concertista de piano, así que le educaron en el Arte con mayúsculas, era un niño portento que sabía de Magia, Música, Dibujo…y cuando su madre murió (él tenía solo nueve años) se dedicó a viajar con su padre por todo el mundo. Terminados sus estudios quiso entrar, sin éxito, en lso círculos artísticos de Londres y Broadway…hasta que en 1937 se cuela en el mundo de la Radio y además con su propia compañía, la Mercury Theatre, creada junto a su socio John Houseman. Se estaba cociendo el primer gran golpe de efecto de su carrera, la emisión radiofónica más famosa de la historia, que ahora mismo recordaremos.
    Welles lo fue todo: productor, director, guionista, actor…y sobre todo genio, pionero y creador de un lenguaje diferente para el Cine; tanto, que a estas alturas no hay que presentar al director de «Ciudadano Kane” (1941), la película más votada en todas las listas de la Historia. Como director, Welles nunca ganó un Oscar, ni siquiera por «Ciudadano Kane” (le dieron el Oscar, sí, pero por el Mejor Guión Original). La verdad es no recibió el reconocimiento que la película se merecía. Sólo un Oscar al guión, cuando partía con nueve nominaciones. 30 años después, en 1971, Welles recibió un Oscar Honorífico al conjunto de su carrera, literalmente, según los académicos, «…por su calidad artística superlativa y su versatilidad en la creación de películas”. Pero no acudió a recogerlo, no se presentó en la ceremonia y envió una grabación como discurso de aceptación. Venganza?…
    Como actor también destacó y hasta tocó el techo: es uno de los seis únicos intérpretes que la Academia distinguió como nominado por su primera aparición en la pantalla. ¿Los otros cinco? casi nada, tampoco: Alan Arkin, James Dean, Paul Muni, Montgomery Clift y Lawrence Tibbett Se casó tres veces: Con Virginia Nicholson (14 noviembre 1934 –1 febrero 1940) junto a quien tuvo a su único hijo varón, Christopher, nacido en 1937. Con Rita Hayworth (7 septiembre 1943 – 1 diciembre 1948). Con ella tuvo a Rebecca, nacida en 1944 y fallecida en octubre de 2004. Y con Paola Mori (8 mayo 1955 – 10 octubre 1985) con la que tuvo a su hija Beatriz, nacida en 1955. Además de adorar a Shakespeare y Cervantes, y tantas otras cosas más, adoraba -y apasionadamente, como Hemingway-, los toros; Antonio Ordóñez fue su mentor…Y en la finca de Ordóñez, en Ronda, está enterrado Welles, desde hace veinte años.
    Había dejado claro su deseo de quedarse definitivamente en España y su hija lo cumplió. Murió exactamente de un ataque al corazón a los 70 años, como queda dicho, en Hollywood; y muy poco tiempo después sus cenizas fueron trasladadas a Ronda. Para los españoles era un habitual, una visita frecuente, hablaba un correcto español, aquí intentó terminar, sin éxito su «Don Quijote”, aquí intentó rodar también «Al otro lado del viento” en 1972 con John Huston nada menos, también inacabada. Y aquí, en España, le preguntaron si, treinta y tantos años después de aquella asombrosa (y truculenta) emisión de «La guerra de los mundos”(1938) sería capaz de repetir la jugada. Y respondió que no, claro…
    FAMOSO
    Retrocedamos precisamente a aquellos años, determinantes en su biografía como creador. Ya hemos mencionado que Orson (aún sin el «don”, era superjoven, un crío perverso) ejerció desde su más tierna infancia de genio precoz, siempre dando la nota y siempre innovando. Pero el suceso más extraordinario de su carrera llegó cuando apenas contaba 23 años, cuando en 1938 «perpetró” una representación radiofónica de «La guerra de los mundos”, de H. G. Wells sin previo aviso, de manera que empezó la trasmisión de la obra «a capón”: miles de escuchantes se creyeron a pies juntillas que los marcianos estaban entrando por Nueva Jersey…y naturalmente, el pánico estaba servido y obró el resto: un suceso colectivo, de veras espeluznante a ratos. Todo un acontecimiento.Y también, para Welles, un subidón de fama, que propició que la RKO le abriera sus poderosos brazos.
    CASUALIDADES DE LA VIDA
    Los dos más fantásticos y más fantasiosos Welles (uno, con «e”, el otro sin «e”) se conocieron personalmente: el británico Herbert George Wells (1866 – 1946) iba conduciendo apaciblemente por una carretera hacia San Antonio, Texas, cuando paró a preguntar por el camino. ¿Y quién era la persona a la que se le ocurrió abordar? Pues justamente: nada más y nada menos que a Orson Welles que, por cierto, ya había emitido su programa-acontecimiento por la radio. Se presentaron, se autoadmiraron y se cayeron tan bien que pasaron el día entero juntos. Más curiosidades: Una vez, el orondo Orson se comió de una sentada 18 perritos calientes en el famoso Pink’s de Los Angeles (toda una institución en la ciudad, en eso de los hot dogs) Bien pudo morir en ese intento bárbaro. Pero no: el destino le tenía reservado para el adiós definitivo el mismo día, del mismo mes y mismo año (no, la misma hora) que a su colega Yul Brynner. Está comprobado. Frank Sinatra fue el padrino de una de sus hijas.
    Y hablando de voces: en 1977 a Welles, «la voz más potente y personal del mundo del espectáculo” le ofrecieron prestársela en la pantalla a Darth Vader en otra guerra sideral como la suya, «La guerra de las Galaxias”, pero declinó la oferta, aunque aceptó ser el divertido narrador del trailer. Y también fue el narrador, en 1979, de más de un trailer para «Star Trek: la Película”. Además puso su voz en algunas canciones del grupo de heavy metal Manowar: «Dark Avenger» y «Defender». Orson Welles, como hombre importante que era y se consideraba a sí mismo, gustaba de utilizar pseudónimos, y ahí van estos dos: O.W. Jeeves y G.O. Spelvin. Ya hemos señalado que sus cultísimos padres le educaron en muchas disciplinas, la magia entre ellas. Eso, y su demostrada hiperactividad, le permitió mantenerse como miembro de la Unión de Magos; practicaba sus juegos de manos con regularidad y -decía- tenerlos bien engrasados por si su carrera en el cine terminaba de forma abrupta. Según su amigo y colega Peter Bogdanovich era buenísimo, tan bueno que daba hasta miedo, cuando se metía en un numerito.