El Festival de Málaga presenta en competición la nueva película de Iñaki Dorronsoro, un thriller protagonizado por Javier Gutiérrez, Luis Tosar y Alain Hernández

Víctor es un atracador profesional que entra a formar parte de una peligrosa banda de delincuentes, la mayoría de ellos exmilitares del Este, un grupo muy sectario y cerrado que no tiene más remedio que reclutar a un nuevo componente ante la reciente muerte de uno de los suyos. Su objetivo es planificar el robo de un banco para el que Víctor tendrá que perforar la cámara acorazada. «Precisamente las escenas de esta cámara acorazada han sido las más complicadas de rodar», ha admitido el director en la rueda de prensa de su presentación, en la que ha desvelado que ha necesitado ocho semanas de grabación intensa por la complejidad de las secuencias.

Dorronsoro ha explicado que el personaje central se encuentra en un momento crítico de su vida. «No sabe si quedarse con su antigua vida alocada o con la serenidad de su nueva situación, un continuo desconcierto que envuelve a este personaje tan hermético y reflexivo y que Alain Hernández ha sido capaz de interpretar a la perfección». Por su parte, Hernández ha reconocido que se echó a temblar de emoción y llegó hasta llorar al conocer que Javier Gutiérrez y Luis Tosar serían sus compañeros de reparto porque para él siempre han sido dos referentes en los que inspirarse. Dorronsoro, que también ha sido el guionista de su propia película, ha insistido en que su objetivo era crear una cinta de personajes, de ahí que haya apostado por actores de este nivel.

También en competición «Últimos días en La Habana», de Fernando Pérez («Suite Habana», «La vida es silbar»), que retrata la cara más auténtica de la capital cubana, una historia sencilla sobre la amistad con los prejuicios y la relatividad de los valores como telón de fondo con dos jóvenes muy diferentes, uno que sueña con escapar para vivir, y otro al que la vida se le escapa por la enfermedad. Patricio Wood y Jorge Martínez son los protagonistas. Miguel sueña con huir a Nueva York. Mientras espera un visado que nunca llega, trabaja como lavaplatos en un restaurante particular. Diego sueña con vivir. Postrado e inmóvil por el sida, libera toda su energía desde el estrecho camastro del cuarto más pequeño del solar. Diego y Miguel viven juntos como si fueran la noche y el día. Miguel se refugia en sí mismo, Diego se abre a los demás. Diego es gay, positivo, luminoso. Deteriorado por el SIDA, libera toda su energía con humor, pasión, anhelo. Miguel vive amargado y descontento de todo.