Un cruce de lo clásico y lo contemporáneo en la competición de la Berlinale

El ambicioso Fiennes, que tantas veces ha interpretado piezas de Shakespeare, mezcla lo clásico y lo contemporáneo, combinando el pentámetro yámbico del autor con moderna tecnología y un milieu contemporáneo para perpetuar la visceral cualidad de la violenta historia original.
Ambientada en «Un lugar que se llama a sí mismo Roma”, «Coriolanus», que se ha presentado este martes en la Sección Oficial en competición de la Berlinale, narra la historia del general Caius Martius, más tarde Coriolanus, que es el destino de las iras de las gentes de Roma, a las que desprecia. La razón, la falta de alimentos en la ciudad que provocan violentas algaradas.

Además, está en guerra con su máximo enemigo, el general Tullus Aufidius, al que derrota. No obstante, la ira del pueblo romano subsiste. Su madre Volumnia (Redgrave), que le ha educado en un estricto código marcial del honor, le insta a convertirse en cónsul, una figura poderosa que lidera al Senado. Para ser elegido, el general necesita conseguir el apoyo popular, que detesta. Va contra su código personal. Los Tribunos, elegidos por el pueblo, hacen campaña para que no le den sus votos y Coriolanus no logre el puesto.

Esto desata su ira y tras mayores algaradas, es deportado de la ciudad de Roma. Él mismo se exilia en la ciudad de Antium, guiada por su enemigo Tullus. Le pide ayuda para combatir y derrotar a su ciudad enemiga conjuntamente. Tullus tiene que decidir unirse en armas con él y derrotar al Imperio o destruir a su rival y tomar él mismo la ciudad, cuando se encuentra en su momento más vulnerable
Enfadado y con ansias de venganza, Martius se une a los volscos y amenaza a Roma. Preocupado ante la idea de que Marcio y Aufidio puedan unir sus fuerzas, el Senado manda en primer lugar a Menemio y luego a la familia de Marcio para que intercedan por la paz. Pero, tratándose de una de las tragedias de Shakespeare, ya se sabe que el resultado distará leguas de ser optimista.
«Coriolanus», cuyo rodaje tuvo lugar en Belgrado y la costa montenegrina, muestra la relevancia más allá del tiempo de la obra de Shakespeare. Fiennes ha elegido y usado el material con sabiduría, ya que la ambientación podría ser cualquier sitio de EE.UU. o Rusia. A pesar de que ser una tarea complicada para una ópera prima, Fiennes se lanza a ella con valentía, usando primeros planos para acentuar la tensión en momentos de conflicto o pasando por todos los actores en otras escenas.
Las interpretaciones tienen la intensidad adecuada. Existe una fuerte química entre Fiennes y Butler (con matices de homosexualidad tan evidentes como en el texto original), mientras que Redgrave y Cox recitan con maestría algunas escenas muy emocionantes. El director de fotografía Barry Ackroyd («En tierra hostil») hace un uso excelente del formato Cinemascope, captando los grises edificios de Belgrado como el escenario del descontento social.