Toma el relevo de Catherine Zeta-Jones como Desirée Armfelt, la protagonista de «A Little Night Music», de Stephen Sondheim

Peters brilla con delicada transparencia en esta producción de Trevor Nunn del musical de 1973. Ella ya hizo historia con dos obras, «Sunday in the Park With George» y «Into the Woods», desde que en 2004 levantara aplausos de casi media hora con el revival de «Gypsy», también del maestro Sondheim. En «A Little Night Music» y como Desirée, una actriz en la Suecia de fines del XIX con una complicada vida familiar, ella nos conduce por los intrincados caminos de las posibilidades del amor antes de que éste ocurra y las melancólicas realidades del amor presente. Complicadas cuestiones para una melancólica y romántica comedia musical.

Otro de los cambios: el de Angela Lansbury, en el rol de la imperiosa madre de Desirée, Madame Armfelt, que ha sido sustituída por Elaine Stritch, otra de las alumnas aventajadas del rey del musical contemporáneo, Sondheim. La madre ha endurecido su corazón, enterrando los sentimientos por el verdadero mor y se siente feroz al ver que hija comete sus mismos errores. Y donde Lansbury ponía algo de ironía amarga, Stritch opta por un leve toque cómico.

En el rol de Frederik, el joven ex amante de Desirée, Alexander Hanson. Ayudan a alimentar el aliento romántico, los decorados minimalistas de David Farley, recreando un hotel soñoliento en el verano sueco. La crítica se ha arodillado ante el regreso de Peters y éste bien vale peregrinar hasta el número 219 de la calle 48, en el corazón de Manhattan, para ser testigos de una página de oro de la Historia del musical de Broadway. Larga vida a Bernadette Peters.