«No puedo permanecer por más tiempo en silencio porque la solicitud de mi extradición elevada ante las autoridades suizas está fundamentada en una mentira», dice el director de «El escritor»

«Hace décadas», prosigue en su declaración escrita, «llegué a un acuerdo a cumplir un castigo por el que ya he pagado». Roman Polanski estuvo encarcelado dos meses en California y sometido a evaluación psiquiátrica durante 42 días antes de huir a Francia, antes de que el sinuoso juez Laurence J. Rittenband, ávido de portadas de periódicos, le condenara. En Francia vive, mantiene una armónica familia con Emmanuelle Seigner y sus dos hijos, trabaja y es homenajeado un día sí y otro, también. Y continúa, «He decidido romper mi silencio para dirigirme directamente a quien lea esta declaración, sin intermediarios y en mis propias palabras». Los abogados de Roman Polanski distribuyeron la declaración escrita a los medios de todo el mundo, hoy domingo.

La declaración, de 908 palabras, fue distribuída principalmente por uno de sus mejores amigos, el filósofo Bernard-Henry Lévy, que dirige la revista «Le Règle du Jeu». El director ganador de un Oscar de «El piano», «La semilla del diablo» y la magistral «Chinatown» fue detenido el pasado 26 de septiembre en Suiza. El mayor peligro sigue siendo la posibilidad de su extradición a Estados Unidos por un caso sucedido en 1977 cuando mantuvo un encuentro sexual en la casa de Jack Nicholson con una menor a la que drogó previamente. Fue acusado de violación y sodomía.

La víctima hace años que le perdonó y ha estado solicitando la detención del actual proceso. El juez Rittenband murió en 1993 y se han hallado numerosas irregularidades en el proceso que inició contra Polanski. Además, le había dado la palabra al director de que la encarcelación durante 42 días en una durísima prisión estatal sería la condena a la que le sometería. Rumores de que pensaba romper su promesa, condujeron a Polanski al exilio. El director de «El baile de los vampiros» y «El escritor» -ahora en nuestras pantallas- jamás ha mirado atrás.

Polanski finaliza en su declaración: «No puedo permanecer por más tiempo en silencio porque la solicitud de mi extradición elevada ante las autoridades suizas está fundamentada en una mentira». Lo puede decir más alto pero no más claro. Mañana lunes habrá una reunión en las oficinas del fiscal general de la ciudad de Los Angeles. Ante él comparecerán los abogados de Roman Polanski para demostrar que las labores en 1977 del fiscal Roger Gunson y el juez Rittenband estuvieron llenas de irregularidades.