Jennifer Aniston como una dentista ninfómana, Kevin Spacey, como un jefazo dictatorial y Colin Farrell, un maníaco del dinero, protagonizan el filme

Todos estos títulos convirtieron en estrellas a Steve Carell, Ben Stiller, Owen Wilson y por supuesto, Sacha Baron-Cohen. «Jefes horribles» lo hará con Jennifer Aniston, que lleva una docena de títulos sin dar en la diana, Kevin Spacey, más ocupado con el teatro Old Vic londinense y el recuperado Colin Farrell. El triunvirato responde al del título. Aniston es una dentista ninfómana, Spacey, un jefazo dictatorial y Farrell, un maníaco del dinero perezoso que hereda una empresa de su padre.

Sus desafortunados empleados están interpretados por el encantador Jason Bateman, Jason Sudeikis y Charlie Day. Con un mercurial cameo de Jamie Foxx (encargado de la lengua sucia y las profanidades) en el rol de un chulo que no es lo que parece. Los jefes son increíblemente desagradables, perversos y despreciables. Que es lo que les hace deliciosamente divertidos, a su pesar.

Y es ese tipo de comportamientos lo que hace que el público acuda a verlos. No hay más que recordar el incidente del gel en el pelo de Cameron Diaz, la orgía de los solterones de Las Vegas o cualquier momento del periodista kazajastano Borat, en su viaje por Estados Unidos. El público goza viendo como abusan de sus víctimas. Es lo que se llama «Schadenfreude». Alegría del dolor ajeno.

Mientras que se espera que sea el próximo gran éxito sorpresa, la realidad es que tardó cinco años en realizarse. Su guionista, Mike Markowitz, un veterano productor televisivo, se basó en 2.005 sus propias experiencias, admitiendo que los tres jefes horribles son una versión de sí mismo. Comprado el guión por New Line, primero se le ofreció al director Frank Oz. Después, los ejecutivos pensaron en ofrecérselo a Chris Rock y un reparto enteramente de color. Finalmente, la ha dirigido Seth Gordon por 35 millones de dólares. A estrenar el próximo año, se esperan unos beneficios cósmicos.