MICROTEATRO EN LA LIBRERÍA 8 Y 1/2 DE MADRID

«Encelados» trata sobre el desgaste en el día a día de la pareja. «El azúcar no endulza”, dice un personaje a su esposa. El azúcar representa el deterioro de la relación en un matrimonio, una relación en la que ya significan más los golpes que las caricias en el acto amoroso. «Los golpes son gustosísimos”, se dicen uno a otro. Al final, la solución está en incorporar a la vida sexual de ambos a la vecina, que sí tiene azúcar, es mexicana y confiesa que «está siempre caliente y le gustan todos los hombres: todos, incluidos los calvos, bajos o con barriga”.

El texto es de Richard Salamanca y la dirección de Katerine Daucik. Y los actores son Nina Camil, Alejandro Marzal y Arantxa Hemes. Hicieron lo posible en la representación del lunes por dotar del necesario calor a una función calurosa pero en un entorno frío: sobre el escenario de una librería especializada en cine y con un público escaso pero agradecido. Tal vez sobresalió la interpretación de la joven actriz mexicana Arantxa Hemes, en su papel de gata sobre el tejado de zinc caliente: «Me gustan los machos”. Lo dice y convence.

Las nuevas vanguardias teatrales pueden buscarse en estas representacines en librerías -hay otra en Madrid actualmente- o en una casa casi sin adecuar para el teatro en el barrio de Lavapiés. El teatro, históricamente, ha buscado fórmulas para sobrevivir. Y dada su antigüedad y su permanente mala salud de hierro, puede considerarse que las va encontrando.