La actriz y directora franco italiana fabula sobre su propia familia en una película en la competición de Cannes 2013

Federica, Marcelline, Louise. Las heroínas de Valéria Bruni Tedeschi son muy cercanas a ella. Una joven demasiado adinerada en «Es más fácil para un camello…», actriz de 40 años sin hijos en «Actrices» y ahora una mujer enamorada de un hombre mucho más joven en «Un castillo en Italia».

Tres películas, tres autorretratos. Aunque la actriz afirma que también hay mucho de sus coguionistas, Noémie Lvosky y Agnès de Sacy, el casting refuerza la autoficción: Valéria Bruni Tedeschi se interpreta a sí misma; el papel de su madre lo interpreta su verdadera madre (Marisa Borini) y el de su enamorado, Louis Garrel, su pareja en la vida real.

En «Un castillo en Italia», la realizadora evoca por primera vez a su hermano, Virgile Bruni Tedeschi, fallecido a causa del sida. En una pequeña habitación de hospital, presenciamos el matrimonio de su Virgile con su joven prometida (Céline Salette). Y en una escena sugerida por Filippo Timi, el actor que interpreta a Virgile, madre e hijo bailan juntos. Una escena que «inmediatamente resultó extraordinaria,» recuerda la realizadora.

Valéria Bruni Tedeschi proviene de una gran familia de la burguesía industrial italiana que emigró a Francia en 1973, cuando Valéria tenía 9 años, huyendo de los secuestros de las Brigadas Rojas. La realizadora lleva en su interior ese desarraigo, y sus películas suelen tocar temas relativos a los impedimentos, a la imposibilidad de avanzar. Pero la vitalidad y el optimismo siempre salen adelante, gracias al humor, a la fantasía y a una gran capacidad de reirse de sí misma.

Las películas de Valéria Bruni Tedeschi llevan los sentimientos a flor de piel, entre risas y lágrimas, pendiendo de un hilo frágil y sensible, como su voz, dulce y cascada a la vez.