«500 DAYS OF SUMMER», EXPLORA LOS SENTIMIENTOS AMOROSOS DE UNA PAREJA EN LOS TIEMPOS POSTERIORES A LA REVOLUCIÓN SEXUAL Y EN PLENA RECESIÓN

El monumento renacentista del Ticino (Suiza italiana) que es la Piazza Grande de Locarno es el suntuoso marco de apertura de este Festival diferente, inquieto y siempre a la búsqueda de nuevas voces y formas de la narrativa audiovisual. En el caso de «500 Days of Summer» -toda una declaración de principios del director artístico del Festival, Frédéric Maire, para su apertura-, se trata de una respuesta a la comedia romántica dictada estos días por Hollywood con subproductos como «La proposición», «27 vestidos», «Te quiero, tío» o «Resacón en Las Vegas», simples, formulaicas y complacientes con espectadores poco exigentes y productores codiciosos. El film de Webb explora delicadamente los sentimientos amorosos de una joven pareja heterosexual en los tiempos posteriores a la revolución sexual y en plena recesión. Y lo hace de forma honesta, accesible y reconocible. Tom Hansen y Summer Finn conforman una pareja hecha en el cielo. Pero las cosas no funcionan pese a su considerable encanto y la magnífica atracción que sienten mutuamente. Ambos son compañeros en una empresa de creación de tarjetas de felicitación en Los Angeles. Tom es un ferviente creyente en el amor, Summer es algo más escéptica. El film narra con delicadeza e inteligencia, también con humor y algo de dolor, la dificultad del sentimiento amoroso y de la consigiente relación cotidiana. Webb mantiene el misterio acerca del enigma que constituye la ley del deseo. El amor es imperfecto, viene a decir la película y Marc Webb -que ha dirigido vídeos de músicos tan diferentes como Miley Cyrus o My Chemical Romance- se ayuda de las canciones de Regina Spektor y de una ciudad de Los Angeles -cortesía del director de fotografía Eric Steelberg-, lejos del cliché y más cerca de una urbe confortable y a la vez, melancólica que acoge los amores y desventuras de los dos jóvenes. Las muchas virtudes de la película quedan realzadas por sus dos protagonistas, en manos de dos actores jóvenes tan llenos de talento como encanto. Son Joseph-Gordon Levitt, el alien de «3rd Rock From The Sun» o el amargado soldado de la reciente «Stop Loss» y la simpar Zooey Deschanel, que ha hecho marca de su casa la personalidad bohemia y el chic «vintage». Ambos elevan la historia y la llenan de verdad y sentimiento. Y por cierto, ¡Joseph-Gordon Levitt sabe bailar! Mañana comienza ya la competición con dos títulos, la surafricana «Shirley Adams», opera prima de Oliver Hermanus, y la japonesa «Wakaranai» («¿Dónde estás?») de Masahiro Kobayashi. De forma diferente, ambas pivotan sobre familias en desintegración en sociedades que se derrumban a partir de dos personajes adolescentes y sus madres. Por la noche, en la Piazza Grande, «My Sister’s Keeper», de Nick Cassavetes. Con una Cameron Díaz en un rol dramático como madre de la ya prepúber Abigail Breslin («Pequeña Miss Sunshine»).Y en el reparto también, Emily Deschanel, hermana mayor de Zooey. El director de fotografía del film no es otro que Caleb Deschanel, padre de ambas. Y es que en Locarno, el cine se siente como una gran familia.