David Ordinas y Pablo Pujol, los dos actores/cantantes, se emplean a fondo en «lo más bestia que has visto sobre un escenario” sin ofender a nadie

Por Luis Eduardo Siles

«Venidos a menos», el musical a dos manos que el jueves se estrenó en el teatro Alfil de Madrid, cumple con el objetivo que se anuncia en el programa de mano: hacer reír al público. David Ordinas y Pablo Pujol, los dos actores/cantantes, se emplean a fondo en esta sátira políticamente incorrecta, en la que empiezan por reírse de sí mismos.

Aseguran también en el programa que su espectáculo es «lo más bestia que has visto sobre un escenario”. Y eso también es cierto. Pero todo está inteligentemente construido y hábilmente barnizado para que nadie pueda sentirse ofendido.
Porque en «Venidos a menos», por ejemplo, se canta y se menciona mucho a los «maricones”, pero la obra no resulta homófoba. Y hay numerosas alusiones a las mujeres «gordas y feas”, pero en absoluto podría afirmarse que se trata de un espectáculo machista.
Es una función refrescante, risueña, sin pretensiones, con música pegadiza y una elevada dosis de vis cómica. Una lectura de estos tiempos complicados realizada, efectivamente, a lo bestia. El estribillo de la canción «Yo vivo del arte” se queda grabado en la memoria del espectador. Porque los dos intérpretes viven -o tratan de vivir- del arte. Pero hay muchos impostores que se aplican ese cuento en medio de la tormenta actual -vienen a decirnos-. A toda costa. Aunque sea cuidando a la gata del jefe de cásting. O como afirman, realmente a lo bestia: «Me comería el coño de Massiel con tal de salir en «Sálvame”.
David Ordinas y Pablo Pujol van y vienen por el escenario con su guitarra y su discurso desatado. El público de la noche del estreno terminó completamente entregado. Interpretan un número extraordinario de un ligue con una sevillana. Y hacen reír. Que no es poco. No engañan a nadie.