La ópera prima de Miguel Ángel Pérez y Javier Asenjo se estrena en el Festival de Gijón

«Viaje a Surtsey» se inicia cuando, después de tres años sin haberlo visto, Iñaki (Lucas Fuica), decide proponer a Mateo (Raúl Fernández de Pablo, que debuta en el cine), su amigo de toda la vida, con quien iba a la montaña de adolescente, rememorar los viejos tiempos con una excursión por el Pirineo. Los respectivos hijos de cada uno (la de Iñaki, producto de su feliz matrimonio; el de Mateo, de una frustrada relación) les acompañarán en esta escapada al monte y los recuerdos.
«Nuestra intención era rememorar esa idea de estar con tu amigo de toda la vida, de volver a tener quince años”, afirma Asenjo, que se encerró en una habitación en Guardamar con Pérez para concebir el guion de esta obra «absolutamente autobiográfica”, en palabras de este último. «Javier y yo somos, de alguna manera, los dos personajes protagonistas”. «La idea era que una tercera persona dirigiese la película basándose en nuestro guion; pero, al final, teníamos tan claro cómo queríamos contar la historia que acordamos dirigirla nosotros”, apunta Asenjo.
Pérez reconoce que «los diálogos son muy de la calle, salían solos”; tal vez por ello, los personajes adolecen de toda una serie de estereotipos (el ejemplo más claro es la niña obsesionada con su ropa) que impiden cualquier atisbo de complejidad o sorpresa en su desarrollo a lo largo del metraje. La naturaleza que fotografía Jorge Manrique Berhens y el sencillo acompañamiento musical de Aaron Thomas confieren a la marcha de los viejos amigos con sus hijos un componente idealizador que contrasta con las duras condiciones del rodaje y la realidad cotidiana a casi tres mil metros de altura. La mejor manera de disfrutar de Viaje a Surtsey, por tanto, es con pocas o ninguna pretensión, de la misma manera que Iñaki y Mateo, o Miguel Ángel y Javier, regresan al valle de la juventud.