La obra colectiva se proyecta fuera de concurso en la Sección Oficial de la 58ª edición de la Seminci

El primer episodio, «El tabernero», lo firma Aki Kaurismaki. Es una comedia agridulce sobre un hombre solitario que ve muchas cosas sin experimentar realmente nada. En el segundo, «Dulce exorcista», Pedro Costa se sumerge en el pasado colonial valiéndose de un viaje en ascensor, que comparten un emigrante de Cabo Verde y un soldado portugués. En el único segmento documental de la película, «Ventanas rotas», Víctor Erice homenajea a la industria textil de Guimaraes que, a pesar de sus 150 años de historia, se encuentra ahora deslocalizada en Asia. La última palabra corre a cargo del cineasta en activo más longevo del mundo, Manoel de Oliveira que, en «El conquistador conquistado» traza una sátira mordaz de los turistas que fotografían de forma frenética el casco histórico de Guimaraes.
La cinta ha sido rodada como un homenaje a la ciudad lusa de Guimarães. Sin embargo, Erice puntualizó que los cuatro directores han gozado de total libertad para rodar en otras localizaciones distintas a esta ciudad. También señaló que todos contaron con el mismo presupuesto para producir cada una de las historias que componen el largometraje.
Los asistentes al encuentro mostraron una gran admiración por la trayectoria profesional de Erice, ante lo que el realizador vizcaíno remarcó que se siente muy afortunado por haber trabajado con tres de los directores más importantes del mundo y, a su vez, se definió como «un gran admirador de la cultura portuguesa”.
Según palabras de Víctor Erice, su episodio muestra «la fábrica de Río Vizela tal y como está hoy en día. No se preparó el set de rodaje. Era como un Titanic hundido”. También aseguró que con los testimonios recogidos de los antiguos trabajadores de la fábrica «podría haber rodado una película de hasta tres horas; sin embargo, al tratarse de un filme colectivo era necesario limitarse a una duración mucho más breve”. Erice aclaró que su película ha sido escrita por él, pero el guión fue consensuado con los protagonistas, los trabajadores de la fábrica hoy en día abandonada.
Pedro Costa ha explicado que su relato, «Dulce exorcismo», también se trataba de un texto propio, pero al mismo tiempo anónimo, colectivo y en el que se aúnan muchas voces a través de los dos actores principales.
Erice no se olvidó de la situación actual del sector cinematográfico, al que dedicó unas palabras: «Yo establezco una diferencia entre cine y audiovisual. Esto es difícil matizarlo porque vivimos en una época de mutaciones sobre cómo se consume el cine hoy en día. Chaplin o Hitchcock eran capaces de hacer la película más artística y a la vez más comercial al año, pero esto ya no es así. Ha habido una fractura”.